jueves, 4 de noviembre de 2010

El Laberinto de Simone


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El Laberinto de Simone.

Realizado por Iván Sáinz-Pardo. El cortometraje trata de Simone, una niña de 11 años, introvertida y misteriosa, producto de la separación de sus padres y de la convivencia a solas con su madre alcohólica y depresiva en una casa demasiado grande para ambas. Simone esconde un increíble secreto que quizás pueda ayudarla a recuperar el cariño y la atención de su madre. El poder del mundo interior de un niño es el más oscuro e inexpugnable de los laberintos.  El cortometraje habla por si mismo.

Palabras en un día cualquiera...


La pasión no es más que la fuerza que mueve a toda persona... No, no es la vocación, es la pasión. Yo podría tener vocación para ser actriz, pero, sin pasión, no haría nada. Imagina a Neruda sin pasión por la escritura, a Silvio sin pasión por su música, a Picasso sin pasión para crear arte. Imagina al arte sin pasión... ¡Oh! ¡Qué horrible retrato! Una vida sin pasión, sin arte, ¡Sin vida! Soy fiel partidaria de que la vida no es más que arte, que el arte es pasión y la pasión es vida; exactamente como un círculo. Un círculo sin principio o final...

A veces me pregunto por qué me han sucedido ciertas cosas; otras veces por qué no me han pasado tantas otras... Y la respuesta es tan sencilla que se oculta a mis ojos, a nuestros ojos. ¿Por qué tanto lío entre personas,  entre seres vivos, entre humanos? Mientras más vivo -y mira que no es mucho lo que he vivido- más noto que son pocos los verdaderos seres humanos entre tantas personas. Guerras en Medio Oriente, explotación en América, discriminación en Europa, superpoblación en Asia... Niños con hambre en Etiopía, mujeres maltratadas en Israel, falta de conciencia en algún Norte, guerras mediáticas en otro Sur... Y por acá en algún punto del mundo, en un día cualquiera, una fecha sin importancia quizás... Estoy yo reflexionando sobre todo esto, buscando una respuesta, un motivo, una razón, pero... Sí, es así. La respuesta es tan obvia y evidente que escapa a mis sentidos; así como los miles de granos de arena que puedes tomar en tu mano y se van lentamente entre tus dedos...

A veces la congruencia de nuestra vida no es más que un sinfín de mentiras entrelazadas que arman una verdad, una verdad que mueve masas, que apasiona y nos hace actuar por algo. Sí, lo sé... Al parecer, no tengo coherencia alguna al escribir, pero... ¿Qué coherencia esperan de alguien que vive en este mundo? ¡Tú no eres coherente! ¡Él no es coherente! ¡Nadie es coherente! ¿Cómo lo sé? ¡Porque se quedan ahí sentados viendo como la vida pasa frente a sus ojos! Es triste ver como tanta pasión se pierde por miedo a actuar, como tantas vidas se apagan diariamente, ¿cómo sería el mundo si todos actuásemos por pasión e instinto y no por cinismo? Es algo un poco contradictorio; me considero una persona cínica e hipócrita, pero... Yo lo admito, eso me hace ser sincera. La sinceridad es la mejor y la peor virtud que puede poseer alguien, imaginen a un Presidente de Estado siendo sincero, imaginen a algún sacerdote, maestro, profesor, al Papa; siendo completamente honestos, muchas personas dejarían de creer, otras dejarían de cumplir, muchas otras comenzarían a ¡Vivir!

Reflexionar sobre esto me conduce a una encrucijada... ¿Mi pasión se ha perdido y escribo todo esto para recuperarla de algún modo? O, por el contrario.. ¿La falta de pasión de los demás está quebrando la mía y me hace escribir esto?